El pasto consume agua, tiempo y plata. Los cubresuelos te dan el mismo verde sin la manguera prendida todo el verano.
Reemplazar el pasto por cubresuelos es una de las mejores decisiones para un jardín sin pasto, lindo y de bajo consumo de agua. El césped tradicional necesita riego constante, corte semanal y fertilización, mientras que plantas como el tiqui tiqui, la dymondia o el mioporo rastrero crean una alfombra verde densa que casi no necesita cuidados. Cubren rápido, soportan el pisoteo según la especie, frenan las malezas y mantienen el suelo fresco. En el clima de Chile central, donde el agua escasea cada verano, cambiar el pasto por cubresuelos significa ahorro real, menos mantención y un jardín que se ve cuidado durante todo el año. Es paisajismo inteligente con orgullo nativo y sentido común.
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El mayor gasto de agua de cualquier jardín es el pasto. Los cubresuelos cambian completamente esa ecuación: una vez establecidos, requieren una fracción del riego del césped y siguen viéndose verdes incluso en los meses más secos. Especies como la dymondia o el mioporo rastrero forman una cubierta densa que sombrea el suelo, reduce la evaporación y mantiene la humedad por más tiempo. Menos manguera, menos cuenta del agua y más tiempo libre.
Reemplazar el pasto no significa renunciar a caminar por tu jardín. El tiqui tiqui resiste el pisoteo y se puede usar entre piedras y senderos, mientras otros cubresuelos cubren rápido grandes superficies con un manto parejo. Combinándolos logras un diseño de bajo mantenimiento, sin corte semanal ni bordes que recortar, con la misma sensación fresca y verde del césped pero sin su sed insaciable.
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