Un cerco vivo transforma una reja fría en una pared verde que da privacidad, baja el ruido y atrae aves. Elegí la especie según la altura y la velocidad de crecimiento que necesitás.
Los cercos vivos son la forma más natural de delimitar tu propiedad sin perder estética. Especies como la ligustrina, el pittosporum y el mioporo crecen densas y tupidas, formando una barrera verde que reemplaza con ventaja a las rejas tradicionales. Además de la privacidad, un seto bien plantado reduce el viento, amortigua el ruido de la calle y mejora la temperatura del jardín. Para un cierre rápido y parejo recomendamos plantar entre 3 y 4 plantas por metro lineal en hilera, dependiendo del tamaño del ejemplar. Con riego constante el primer año, en pocas temporadas tendrás un muro vivo y compacto.
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La densidad ideal para un cerco vivo tupido es de 3 a 4 plantas por metro lineal. Si usás ejemplares pequeños (como ligustrinas de 70 cm), apuntá a 4 por metro para un cierre más rápido; con plantas más grandes podés bajar a 3. Plantá en zigzag o en hilera doble cuando busques un seto extra denso. Calculá el largo total de tu cerco y multiplicá por la densidad: para 10 metros, necesitarás entre 30 y 40 plantas.
Si tu prioridad es cerrar pronto, el mioporo y la ligustrina son tus mejores aliados: crecen varios centímetros al mes en temporada. El pittosporum nigricans y el rhus crenata son siempreverdes que mantienen el follaje todo el año, ideales para privacidad permanente. Combiná especies según la altura final deseada y la cantidad de sol que recibe cada tramo del jardín.
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